Tuvo que morir Otis Redding en un trágico accidente aéreo para que The Bar-Kays demostraran que eran mucho más que una banda de acompañamiento. A otras bandas míticas como The Band o Crazy Horse no les hizo falta un empujón tan drástico, pero tal vez de esa superación vital provenga la urgencia y la energía que derrochaban, sobre todo en sus inicios en los que el funk se fundía (y se confundía) con el rhythm and blues mientras los instrumentos de viento y el órgano campaban a sus anchas. Así surgió “Soul Finger” (1967), a modo de manual de estilo, un disco que marcaría las pautas de la improvisación en caso de que esta frase tuviera sentido.

Pero faltaba algo en el álbum, claro que por entonces nadie podía saberlo, excepto ellos. Resulta que en las sesiones de grabación los miembros de The Bar-Kays habían grabado una joya que no se incluyó en “Soul Finger”. Tuvieron que pasar 33 años hasta que el sello Stax editó la recopilación “Stax of Funk: The Funky Truth” para que pudiésemos disfrutar de esta pequeña maravilla que es “Sock Soul”. Un rompepistas, así de sencillo. A pesar de que ignoro absolutamente como se engendró el tema, éste suena totalmente improvisado y con todos los músicos en estado de gracia en ese preciso instante. Pensemos en esas situaciones en las que hacemos algo realmente increíble y nadie nos estaba mirando, eso les podía haber pasado a The Bar-Kays hace tres décadas solo que, por suerte, el estudio sí estaba operativo para registrar este momento sublime. A pesar de que los metales, las palmas y las voces suenen sospechosamente coordinadas, el intercambio de rol como protagonista principal que alternan la batería y el bajo despierta la sensación de estar ante un caos que los instrumentos de viento, en un despliegue apabullante, se encargan de ordenar.