El marco generacional que supuso el inicio del post-punk no terminó de encajar nunca con Lili Marlene Premilovich, una artista tan histriónica, tan extravagante y tan fuera de todos los roles que merecería su propia etiqueta.

Ya no es una cuestión de integrar la música de cabaret en el ojo del huracán de la vanguardia musical, eso ya lo hicieron otros (aunque Soft Cell vinieron después, que conste), o por ser un referente para otras mujeres que entraron con fuerza en la escena (The Slits fueron mucho más inspiradoras en este sentido), sino más bien su configuración híbrida y bailable que en sus temas más inspirados, sobre todo en el caso específico de “Lucky Number” la acercaba más, aunque sea en un sentido más espiritual que musical, a esa escena del post-punk más arty que terminó por engendrar el proto-mutant disco de Nueva York -una evolución paralela del género- que a cualquier otra. “Lucky Number” no solo es su tema más conocido sino que es el más claro ejemplo de esta desintegración entre fronteras estilísticas. Trepidante y nervioso a más no poder, las conexiones con otras figuras que terminaron siendo claves en la escena mutant como Lizzy Mercier Descloux son aquí palpables gracias a su ritmo trotante pensado para ir directo a las caderas. Y aun así, la canción no pretende ser ninguna reivindicación, manteniendo cierta sensibilidad pop su aparente finalidad es la de contar una historia, la misma historia de siempre chica-conoce-chico, pero el cómo se cuenta es importante: ¡Y Lili Marlene tiene una pluma que roza la genialidad!

“Stateless”, su álbum de debut en el que se publicaba esta canción eterna, la mejor con diferencia, se publicaba en 1979 como su extraño ejercicio de punk y sofisticación. Un disco no apto para ser tocado, sino para ser representado. Aunque también es cierto que hablar de cabaret es quedarse excesivamente corto, las influencias que uno se puede ir anotando a medida que avanzan las canciones son demasiadas y en ocasiones demasiado difusas como para que un ejercicio de análisis sea productivo, incluso se encuentran conexiones con la música medieval, clara influencia de su nuevo hogar, Inglaterra (ella había nacido en Detroit aunque era de padre yugoslavo y madre inglesa, de ahí puede venir el título del disco). Poco después llegó “Flex”, para mi gusto un álbum mucho más cohesionado y con más sentido, más oscuro y reorientado a la New Wave dejando de lado las estridencias aunque también algunas de sus bonitas particularidades. Si tenéis suerte, he visto circulando varias copias en vinilo muy depreciadas, vale la pena.