La segunda mitad de los sesenta puso unos cuantos discos de Otis Redding y Aretha Franklin en cada hogar estadounidense. Sin embargo, la proporción se reducía cuando uno buscaba en esas mismas estanterías a James Carr. A nadie le pueden temblar las manos por tal comparación, de los tres a él le tocó ser el maldito y condiciones no le faltaban ni para lo uno ni para lo otro. Con un registro vocal sin nada que envidiar a la potencia de Aretha o a la profundidad de Otis, unas canciones que abrazaban la universalidad sin apenas rozar la banalidad y un hit para la posteridad como “The Dark End Of The Street” que le llevase al salón eterno de la fama, Carr se quedó a muy poco, que en realidad es mucho, del éxito eterno de éstos. Su adicción a las drogas, su trastorno bipolar y su depresión por no llegar a la fama de una forma relativamente rápida acabaron por romper su particular sueño americano. También es cierto que fue un incomprendido, resabiados que lo veían como una imitación de Otis y paletos que lo veían como un cantante de blues solían ser su público. Fueron pocos los que vieron en Carr a esa portentosa voz de la iglesia de Memphis que asimilaba como nadie las raíces sureñas y las lanzaba en forma de soul vigoroso.

Su primer álbum «You Got My Mind Messed Up», se publicó en 1966 y contenía varios cortes destacables, empezando por la canción que daba título al álbum y que supuso el primer éxito de su carrera y otros hits como “Pouring Water on a Drowning Man”, “These Ain’t Raindrops” o “Love Attack”. Mención especial, por supuesto, para “The Dark End of The Street”, tema de corte tremendamente emocional que supura arrepentimiento y afectación, la infidelidad como generadora de una desolación desconsolada sazonada con ligero toque de optimismo (¿O de auto engaño?), y a la vez una despedida al ritmo sugerente del “bailemos juntos una última vez, abrazados, llorando los dos”. En el extremo opuesto, “That’s What I Want To Know”, probablemente uno de los temas que más veces he pinchado en mi vida, con un ritmo frenético capaz de despertar a un muerto de su tumba. De todas es la que menos a dado que hablar, pero que no se os pase por alto, con el tiempo consiguió romper la brújula más academicista del soul. Y es que es así, amiguitos, como se pasa del southern al northern soul. Y tú que te lo ibas a perder.