Siguiendo la tendencia de mis últimas recomendaciones, este es otro disco que navegó sin rumbo durante la época dorada de la New Wave. Un punto y aparte sin continuación salvo la suya propia. Orbitando en la elipse de los desorbitados, como pudo ser el caso de The Blue Nile o Lene Lovich, por supuesto, It’s Immaterial presentaron en 1986 un auténtico festival del drama, así es “Life Is Hard and Then You Die”, desde el título y la portada hasta la última canción. Del refranero inglés más descorazonador al payaso tristón de dramatismo universal.

Un álbum que lleva a muchos lugares pero a ninguna parte, tal y como cuenta “Driving Away from Home”, los caminos son solo caminos y lo único importante es el tiempo que quieras estar en la carretera, hacia Newcastle o hacia Glasgow, pero para Campbell y Whitehead, no parece haber nada de interés en el lugar de destino. La muerte es la nada, ni buena ni mala, y a pesar de tan mala carta de presentación cuesta sudor y lágrimas llegar hasta ella. ¿Qué queda entonces?

Pues así de primeras queda mucho, por ejemplo los grandes placeres de la vida que, nunca mejor dicho, son inmateriales. Como escuchar “Life Is Hard and Then You Die”, una bellísima elegía a la vida que se construye en torno a melodías cargadas de nostalgia y puestas al servicio de la orfebrería pop dejada llevar por una suave inclinación a la new wave pero a su vez mirando por el retrovisor la canción y el folk ingleses. Este último caso lo encontramos en “Rope”, una preciosa canción de esperanza en clave techno folk que no consigue en absoluto sacudir la tristeza del oyente. Esta sensación de ambivalencia entre la sonrisa necesitada y la lágrima se mantiene en “Festival Time”, aunque con ligeras ráfagas de funk que ayudan en gran medida a sobrellevar el peso del dolor, lo mismo que en “Ed’s Funky Dinner”. En el lado opuesto, el de la lágrima más gruesa, las sutiles infiltraciones en el flamenco de “Happy Talk” y “Hang On Sleepy Town” o la filosófica “Space”, que es algo así como un poético ensayo del concepto “espacio” con implicaciones geográficas, místicas, sociales y decorativas.

A los que os gusta esa idea romántica de “discos para días lluviosos” esto os encantará, y si sois de los que disfrutáis con la tristeza pero no os hundís en ella, probad suerte con su segundo disco, “Song”, no apto para depresivos.