Graham Nash en esto de la música ha sido uno de los grandes a todos los efectos. Sin embargo, a medida que avanzan los años y crecen las nuevas generaciones, parece que su nombre se va diluyendo en el tiempo y sus letras dejan de escribirse en mayúscula y en negrita para ocupar un segundo plano, ese en el que están otros como Paul Simon sin ir más lejos.

En el caso de Paul Simon -hago un apunte- todavía tiene más delito ya que su obra reciente no ha sido ni mucho menos menor, solo hace falta recordar ese “So Beautiful So What” que fue uno de los momentos estelares de 2011. Y ahí está, olvidado por la modernidad.  Vale que el caso de Graham Nash no incluye obras recientes que demuestren su valía, pero ni falta que hace con un currículum que incluye álbumes como “Deja Vu” o toda la obra de The Hollies. ¡The Hollies!, un día hablaremos cara a cara de esto, vosotros y yo, porque con The Hollies nos encontramos con el mismo caso, es la banda de la que todo el mundo se olvida cuando nombra a las grandes bandas, y el problema no es que nadie los conozca, habrá que debatir, amigos.

En este debate, sin duda un punto importante de la lenta pero constante desaparición de la huella dejada por Nash sería su falta de excentricidad combinada con pequeñas dosis de falta de carisma y sobre todo la escasa utilización de su talento para su propia obra. Demasiado generoso para triunfar, pagafantas de la fama, en numerosas ocasiones quedó a la sombra. Aun así, tuvo sus momentos y a eso hemos venido hasta aquí. “Wild Tales” fue su segundo álbum en solitario en el que se encontraba “Prison Song”. No me andaré por las ramas, existen innumerables canciones a las que podemos otorgar la calificación de “Muy Buenas” pero dentro de este selecto aunque amplio grupo encontramos otras que tienen un plus, algo que no se puede explicar dentro de parámetros musicales sino que ya nos vamos a lo extrasensorial.

Debemos enmarcar “Prison Song” entre sus canciones de temática política y reivindicativa. En la misma línea que John Lennon dedicó al poeta, activista y padrino de MC5, John Sinclair, su canción con el mismo título, Nash se mostraba incapaz de entender cómo era posible que la justicia de Texas fuera una de las principales instituciones de apoyo a la desigualdad. La prueba eran condenas como la de John Sinclair 4 años antes, le cayeron 10 años de prisión por posesión de marihuana, superando en años a muchas condenas por asesinato. Una condena que debería ser el equivalente a un pequeño desliz con la Agencia Tributaria (me refiero a las conocidas como “faltas”), incluso con la concesión de Nash de dar por buena la palabra “error” es puro exceso y el castigo, según a que edad llegue, puede ser el equivalente a una condena a muerte. Y Nash supo exponer toda la gravedad de los hechos transformando el drama en belleza absoluta. Con la despedida como argumento de la desproporción, el dejar atrás todo lo que uno tiene y todo aquello que le importa no por una apuesta vital sino por una nimiedad que cambiará tu vida para siempre. El caso es que “Prison Song” se empapa de la atmósfera de despedida final, sin vuelta atrás y sin solución. Pero, y ahí viene lo mejor, la canción no te hunde en el barro, porque aun estando cargada de nostalgia y encima con sobredosis de harmónica -que ya de por sí es un instrumento para cortarse las venas- es la canción que cada preso cantará para sí, su nueva razón de ser, la alegría contenida pero renovada, la puerta abierta de todos aquellos que no pueden pagarse la libertad con dinero y la que demuestra con palabras (por su letra) y con hechos (por cómo te sientes al escucharla) que nunca se doblega el espíritu.